Comenzando desde cero…

Cada día tenemos una nueva oportunidad.

Para levantar el ánimo y sondear puntos de vista.

Nada afuera cambiará por arte de magia.

Lo que está adentro, está afuera, por tanto, algo que hay que incorporar.

Pero ojo ¡No es algo de afuera!

Sino una nueva actitud, hábito o forma de mirar la vida.

Actitud como amabilidad, entusiasmo, inspiración…

Hábito como la devoción, gratitud, reverencia…

Forma de mirar la vida como apreciación, compasión, empatía.

Es algo que nace, emerge con inocencia del interior.

Voluntad pura y trascedente, desde el campo interestelar.

Eso conocido como Dios o Diosa.

No busques afuera.

Indaga en intenciones.

Estudia motivaciones.

Planea acciones. De a una….

Recuerda que damos un paso a la vez.

Nacemos y crecemos de a poco.

En vez de correr por objetivos mentales, aprecia lo que está hoy.

Esa espontaneidad frente a tus bellos ojos.

La magia de sentirte vivo a cada momento, a cada segundo.

Siente ese avance, sé agradecido por el granito de arena depositado.

Siempre estás contigo y por tanto con el universo interno…

Y el cosmos quiere lo mejor para ti.

Solo que estamos aferrados a creencias y paradigmas inflexibles.

…recordemos la culpa, el siniestro miedo…

Todas esas percepciones tienen un limite.

Sin embargo, tu alegría y amor son infinitas.

Así como la expansión de cosmos.

Así como la fragancia de una camelia.

Así como la ternura de la brisa que acaricia tu piel.

Cristián Sarmiento C.

Agradezco fotografía : Tomás Del Pino A.

La paradoja de la felicidad

¿Qué es felicidad? Gran cuestionamiento. Respuestas diferentes en función de los intereses y motivaciones de cada ser humano. Acumular posesiones, bienestar en términos de salud, equilibrio emocional y psicológico, sanidad en términos de relaciones humanas, etc. son algunas dentro de miles de reacciones que podríamos recoger.

Según el último Informe de Felicidad publicado por la Organización de Naciones Unidas (O.N.U) durante este año, Chile es el país más feliz de Latinoamérica, ubicándose en el lugar N°25 en una muestra 156 países, superando por muy poco a Brasil y Argentina. 

El estudio midió la felicidad interrelacionando el Producto Interno Bruto (P.I.B) per cápita de cada nación, el apoyo social, esperanzas de vida, indicadores de generosidad, libertad personal y niveles de corrupción. Nuestro país mostró una leve recuperación respecto al año 2005 (anterior medición) donde se posicionó en el lugar N°27.

En el papel, los datos lucen satisfactorios, sin embargo, no nos alcanza para escaparnos de la «Paradoja Latinoamericana» de la Felicidad ¿Qué es esto? Pese a que los índices generales de la economía, tales como crecimiento y desempleo muestran una evolución favorable durante los últimos años, la población manifiesta una insatisfacción generalizada respecto al comportamiento de la sociedad.

Por ejemplo, evalúa con calificación 4.1 las oportunidades que el país les entrega y, en ámbitos como participación y seguridad, la nota es roja.  Adicionalmente, se aprecian contradicciones importantes. Regiones con altos indicadores de satisfacción, han sido foco de importantes revueltas sociales y elevadas tasas de suicidio entre los jóvenes.

Por lo tanto ¿cómo podemos explicar esta mejora en los indicadores de «Felicidad» ante tales incongruencias?

Algunos estudios explican que el sostén familiar otorga la consistencia necesaria para sentirse feliz, más allá, de lo que experimentemos en la vida cotidiana. No obstante, hay algunos elementos que me interesa adicionar en este contexto.

En primer lugar, somos altamente aspiracionales, por ende, aunque nuestra felicidad sea un «castillo de naipes» difícilmente lo reconoceremos.

¡Seamos sinceros! «mirarnos a nosotros mismos» y ver las cosas tal como son, es una situación compleja que conlleva una serie de acciones y decisiones que habitualmente preferimos acallar.

Hay veces que, sencillamente, nos conformamos (resignamos) con lo que tenemos.

Expresiones como ¡esto es lo que hay! nos acercan más a una baja autovaloración que un nivel de confort saludable.

En segundo lugar, en general, tenemos cierto miedo a la vida.Si consultan respecto a mi felicidad, obviamente respondemos ¡Sí!  Responder no, nos expone a cierta vulnerabilidad respecto al estatus social y a una misteriosa inseguridad personal.

Como conclusión personal, si queremos acercarnos a un nivel de bienestar más conciente y real, independiente de mediciones, debemos cuestionar y transparentar nuestros miedos y temores.

¿Por qué tengo miedo? ¿Por qué no identificarme con la bienaventuranza? Quizás, es lo único que frena el acceso a una felicidad más plena. Te invito a reflexionar al respecto.

Nutrirnos mediante el dar

Emocional y/o psicológicamente la autoestima personal juega un rol crucial en nuestro desarrollo personal. No sólo en lo que es la íntima relación con nosotros mismos, aún más, en la manera en cómo nos manifestamos en el mundo material.

Históricamente, hemos sido entrenados mediante la «acumulación» y «obtención» como la principal (o única) forma socialmente viable para cimentar una impronta que tenga significado. Ostentar, el silente nutriente que nos otorga retroalimentación y satisfacción como forma de vivir.

Muchas veces, este camino debe enfrentarse, una y otra vez, con el estrés y tensión como principales obstáculos, dada las semillas de competitividad y diferenciación que sustentan este sendero.

El tiempo es un recurso más que limitado, encasillado en nuestros continuos viajes al ilusorio «pasado» o «futuro», lugar donde ansiedades y expectativas parecieran descansar por un momento. Cada día se torna algo similar, más que vivir, sinceramente, se intenta «evitar» cualquier accidente o tragedia que desestabilice nuestra pseudo-seguridad.

En esta visión, el dinero es el único medicamento que puede alimentar la autoestima; pensar mayoritariamente en el «adquirir» el tónico que satisface quien soy.

En un artículo publicado en el septiembre de 2011 en este mismo medio, se expuso la Declaración de principios de Felipe Cubillos, resumiendo las enseñanzas que le dejó la Regata de la Vuelta al Mundo.

Entre ellos, es interesante su «metáfora» de comprar más tiempo que dinero y más libertad que esclavitud. Interconectado lo anterior, es prácticamente imposible, dado lo ajetreado de la vida moderna, establecer una autoestima consistente en ausencia de libertad y tiempo, tal como lo señala Cubillos.

El ciclo de «conseguir» va muy de la mano de entender los «porqué», los «cómo», los «hasta cuando», circuito que nos auto-atrapa en nuestra individualidad, restando la innata capacidad de escuchar, expresar y sentir con el corazón.

Dependemos mayoritariamente de un pensamiento más que de una sensación. De hecho, el pensamiento desaparece con una rapidez increíble, en cambio, la sensación puede mantenerse por momentos.

Así también, el pensamiento nos separa de circunstancias y personas, por el contrario, el sentimiento nos empuja a descubrir atributos como la compasión y empatía.

Con ello, no quiero decir que el «pensar» sea negativo, más bien, abrir nuestros horizontes a un sano equilibrio entre ambas polaridades para definir con total experiencia al respecto (o ser consciente de ello).

Autoestima es clave en el desarrollo del potencial interior de cada ser humano, no obstante, dada la evidente falta de orientación y tiempo para investigar y trascender esta área, ¿qué podemos hacer para avanzar?

¿Qué acción/es podemos emprender para aumentar el sentido de valor personal?

Me inclino por cultivar un propósito o sentido de «colaborar» «cooperar» «compartir» y «dar» en la vida cotidiana, donde no debemos demostrar nada en especial, tan sólo interrelacionar lo que llevamos en nuestro interior con el anhelo de manifestar.

El «dar» es un atajo al, muchas veces, incomprensible drama de nuestros problemas emocionales y psicológicos.

¡Cuándo estás dando ni siquiera hay tiempo para pensar en ello! Una forma de simplificar todo lo que conocemos como culpa, sufrimiento, timidez y vergüenza. Un camino para romper ese hábito tan profundo de «creer que todo es un problema».

Una vía para reconectar con el entusiasmo, inspiración y, por sobre todo, «unidad». Hay mucho que podemos descubrir en este aspecto, desde mi experiencia, un sutil sentido de enriquecimiento personal mediante la celebración, comunicación y humildad.

¿Nos olvidamos ser personas por el desarrollo profesional?

Hoy en día, no sólo nos basta haber alcanzado una Licenciatura o un Título de Pregrado para asegurar una cierta estabilidad laboral. De hecho, estando en el último año de carrera universitaria gran parte de los estudiantes pone sus ojos en algún Curso de especialización, Diplomado o uno de los tantos Pos-Títulos que se ofrecen en el mercado. A los cinco a seis años de pregrado, debemos agregar uno o dos más para cursar en su totalidad estos perfeccionamientos.

Pero esto no es todo, desde ese punto parece muy atractivo, tanto profesional como salarialmente, acceder a alguna Maestría o MBA, lo que encubra nuestra valoración a un umbral muchísimo más dinámico.

Opciones tanto en Chile como en el extranjero ofrecen posicionamientos y antecedentes curriculares que nos diferencian con creces en términos de categoría y estatus.

De hecho, según lo que nos informa el ministerio de Educación (Mineduc) desde el año 2007, la matrícula de alumnos en Pre-grado y Pos-Grado ha ido en franco aumento, alcanzado el año 2018 la cifra de 1.1 millones y 77 mil, respectivamente.

Obviamente, este no es el final del sendero, también encontramos una amplia gama de Doctorados (Phd) y Pos-Doctorados, donde la inversión en dedicación y tiempo se enmarca entre los cuatro a seis años. ¡Interesante!

El día de hoy, al menos, debemos considerar 14 años de Educación básica y media, 5 años de Licenciatura, 1 a 2 años en Diplomas de especialización, 2 años en Maestrías de perfeccionamiento y 5 años en un Doctorado de aplicación. En suma, entre 23 a 28 años de estudios para destacar en el mercado del trabajo y alcanzar un cierto nivel de notoriedad.

Como bien sabemos, la base de todo este trabajo, es el análisis, aplicación y memorización de una serie de conceptos, paradigmas y teorías. Obviamente, hay que dejar fuera otros estudios como idiomas o intereses del tipo cultural-espiritual, que podrían adicionar un par de años más a esta condición.  

Está bien, todo esto es necesario, es importante no quedar obsoleto y tener las chances de acceder a un buen pasar financiero que sustente las necesidades familiares y/o personales. No obstante, surge un interesante cuestionamiento.

¿En qué nivel está la formación de actitudes y valores humanos durante todo estos años? Temas como  la autoestima, compasión, comprensión, empatía, «humanidad» y valoración personal quedan gran parte de las veces relegadas a segundo plano.

La creencia habitual es que con dinero puedes disfrutar la vida, por tanto, necesito enfocar los máximos esfuerzos en generar más y más a costa de cualquier otro interés. 

Si tengo dinero soy feliz y si no dispongo de suficiente estoy condenado a una vida de frustraciones y quejas ¿Será una condición excluyente para alcanzar el bienestar personal?

Durante los últimos años, diferentes Universidades de Estados Unidos y Europa mediante acuciosos estudios científicos, han hecho un importante hincapié en como la compasión y empatía permite acceder a  mejores indicadores de bienestar y felicidad colectivo y personal.

¡No es sólo grabar y grabar información! sino también compartir, sentir, reflexionar respecto al dolor, sufrimiento y comprender en profundidad las circunstancias de lo que ocurre en nuestra vida. En definitiva, dar un vistazo a la dimensión del «Dar es Conseguir», ahí, donde es vital cuestionarse que tengo para compartir, que tengo para dar a los demás, ¿Quién soy yo? y como me manifiesto en la vida.

Somos un país aspiracional, por ello, todo este «Boom educacional» ha sintonizado con nuestra esencia. Pero, por favor, no dejemos de lado nuestro desarrollo personal; disfrutar de lo sencillo, apreciar la naturaleza, jugar con los niños con total atención, aprender a aceptarnos tal como somos y, en especial, dar las gracias por lo que tenemos e intentar comprender y escuchar un poquito más a cada persona.